COMUNICAV 27 LA NOCHE EN QUE EL SILENCIO SE ROMPIÓ A las 19:40 aproximadamente, el descarrila‑ miento y posterior choque de los dos trenes de alta velocidad interrumpió la rutina de un domingo en la campiña cordobesa. Minutos después, el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, recibió la llamada de Emergencias 112 Andalucía, que anunció un siniestro de dimensiones desconocidas: “Un tren ha des‑ carrilado a las afueras del municipio”. Lo que nadie imaginaba entonces es que aquella vía, a 23 kilómetros del casco urbano, se conver‑ tiría en el escenario del mayor operativo de rescate que ha vivido la zona y en un ejem‑ plo de coordinación entre servicios públicos y ciudadanía. El balance de víctimas creció con el paso de las horas: primero se habló de una veintena de fallecidos, después de 40, hasta llegar a las 46 muertes confirmadas y 123 heridos atendidos, con decenas de personas hospi‑ talizadas y varios pacientes en unidades de cuidados intensivos. El número impresiona, pero detrás de cada cifra hay un nombre, un proyecto truncado, una familia; y, junto a cada una de esas historias, otra menos visi‑ ble: la de quienes, sin aparecer en titulares, sostuvieron la emergencia con gestos senci‑ llos y decisivos. LOS PRIMEROS EN LLEGAR Antes de que las grúas desplazaran los va‑ gones o de que los focos iluminaran el talud donde quedó el Alvia, las luces que se vieron fueron las de los coches particulares de los vecinos de Adamuz. Algunos llegaron avi‑ sados por mensajes de WhatsApp, otros si‑ guieron el sonido de las sirenas o atendieron las llamadas de familiares que habían visto en redes sociales que “algo grave” había ocu‑ rrido en la vía. Testigos relataron a diversos medios que los primeros minutos se llenaron de improvisa‑ ción organizada: conductores que se ofre‑ cieron para trasladar heridos leves hasta los puntos donde esperaban ambulancias, veci‑ nos que subieron mantas, ropa de abrigo y agua, y quienes, sin saber muy bien cómo ayudar, se quedaron junto a las personas en estado de shock, les cogieron la mano o lla‑ maron por teléfono a sus familias. En paralelo, el centro de emergencias sanita‑ rias 061 habilitó un teléfono específico para familiares de fuera de Andalucía con el ob‑ jetivo de canalizar la avalancha de llamadas de quienes trataban de localizar a seres que‑ ridos. Mientras tanto, en los márgenes de la vía, muchos vecinos hicieron de intérpretes improvisados para turistas, ayudaron a com‑ pletar listas de pasajeros y acompañaron a personas que habían perdido documentos o móviles en el siniestro. © Junta de Andalucía
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