COMUNICAV | Nº31 tercer cuatrimestre 2025

COMUNICAV 39 ESE CHICO QUE JUGABA AL FÚTBOL Aunque intenta evitar hablar demasiado de sí mismo, la historia personal de Olmos es inseparable del fútbol. Empezó muy pronto. Con once años entró en la cantera del Valen‑ cia CF y permaneció allí hasta los diecinue‑ ve. Durante ese tiempo compartió vestuario con jugadores que más tarde llegarían al fútbol profesional, como Andrés Palop o Javi Navarro. Su carrera deportiva pudo haber tomado otro rumbo. Pero un accidente cambió el guion. Durante un partido sufrió un fuerte golpe en la cabeza que le provocó un traumatismo grave. El impacto fue tan serio que pasó se‑ manas hospitalizado y perdió temporalmen‑ te el oído. Los médicos llegaron a temer por su vida. Aquel episodio lo mantuvo un año sin poder jugar. Pero el fútbol no desapareció de su vida. En su mirada advertimos a aquel mu‑ chacho, cuando nos dice simplemente: “Yo hubiera querido ser futbolista”. Con el tiempo llegó la carrera de Derecho, el ejercicio profesional y la vida familiar. Pero el balón siguió presente en partidos con ami‑ gos, ligas amateur y, finalmente, el equipo del Colegio de Abogados. LA ALEGRÍA DE SEGUIR JUGANDO Hay un momento durante la conversación en el que Raúl habla del fútbol con una mez‑ cla de pasión y serenidad. A los 53 años y todavía juega cada semana. Incluso presu‑ me, con cierta sonrisa cómplice, de un dato que para él es especial: ha marcado más de cien goles con el equipo del Colegio. y es el segundo máximo goleador de su historia. Porque el fútbol amateur tiene algo que el profesional ha ido perdiendo: la pureza del juego. Eso que extrañamos todos aquellos a los que nos gusta el fútbol. Mientras lo escuchamos hablar recordamos inevita‑ blemente un texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Galeano decía que el fút‑ bol profesional había terminado convirtién‑ dose en un espectáculo gigantesco donde lo importante ya no era jugar, sino impedir que se jugara. Sin embargo, añadía que, de vez en cuando, todavía aparece algún “cara‑ sucia” que se atreve a gambetear por puro placer. Escuchando a Raúl Olmos hablar del fútbol, uno tiene la sensación de que pertenece pre‑ cisamente a esa estirpe de jugadores. A los que siguen jugando simplemente porque ju‑ gar les hace felices. “Para integrarse en el equipo, solo se necesita que te guste el fútbol y tener un nivel normal”.

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